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28 enero 2012
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UNA VEZ dijiste amor
e hiciste crecer dentro de mí
una enorme mariposa de jade

otra vez dijiste adiós
y comenzó a andar un tigre negro
dentro de mi corazón

Gerardo Flores

Nada

27 enero 2012
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Te imagino, lector, dentro de muchos años
leyendo estas palabras. En tu mesa
una luz de bujía y una rosa
anunciarán el sueño, un cuerpo, nada.
Es inútil que busques. En la ceniza hay brasas
que podrías tener entre tus manos
sin quemarte. En tu pulso,
avisos, aprensiones, también nada.
Debes saber que, entonces, quiero decir, ahora,
volvían cada año vencejos
y este viejo Madrid ya era viejo
con sus ciegas veletas y sus jardines muertos.
¿Qué buscas, pues, aquí? ¿Algo distinto?
¿Una forma tan sólo? ¿Esa nueva manera
de traer el ingenio, rimas, nada?
¿Buscas tal vez aliento,
saber que ha de morir contigo el mundo,
el hálito más puro de la vida,
el cantar de los pájaros
y los ríos de susurrar oscuro?
Yo mismo cuántas noches
fui devanando el tiempo
y cuántas, como tú, miré a los ojos
de esa hermosa figura cuyo nombre variaba,
primero amor, luego silencio, nada.
Te imagino, lector, dentro de muchos años.
Sigues aquí conmigo
sin que sepas tú mismo
que aquello que aquí buscas
es tu propio dolor, este Madrid,
el volar de un vencejo,
un tiempo igual al tuyo,
el bálsamo en el alma
de un aire limpio y puro.
Que buscas un misterio, vida, nada.

Andrés Trapiello

De alguna manera existes

26 enero 2012
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A Enrique Lihn

Por la noche
Te perturba tu estado
¿y sales?
Entonces cruje mi velador
y aunque mi corazón se desbande
me conmueve saber
que de alguna manera existes.

Cecilia Casanova

Siete ángeles españoles

25 enero 2012
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Aprendí a confiar en este hombre
También he aprendido a no saber que espero su llegada
De este modo cuando viene se parece a la lluvia
que limpia y nutre el jardín sin prometer que lo hará mañana

Hay palabras que este hombre no dice
Yo leo el silencio y tampoco las digo
Sabemos en qué moneda cobra lo no dicho
Mientras tanto en el jardín las plantas
florecen se marchitan
Hablo de él cuando callo

No importa que el jardín reconozca la mano que lo cuida
No sé si importa que un cuerpo reconozca a otro
Con este hombre no sé qué importa
pero llega a casa y como el jardín bajo la lluvia
me amplío

Este hombre viene a ofrecer lo que yo espero de otro
¿Lo que trae a alguien se lo quita?
¿Lo que me es negado en alguien se acumula?
Yo recibo de uno
ansío de otro
y no sé qué hacer
Sola
en casa
mirando el jardín
escribo
para entender.

Graciela Cros

Botella al mar

24 enero 2012
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Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo
te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.
Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni
para los iniciados. Es para la niña que nadie
saca a bailar, es para los hermanos que
afrontan la borrachera y a quienes desdeñan
los que se creen santos, profetas o poderosos.

Jorge Teillier

Sobre el papel

23 enero 2012
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Scripto iaze esto, sepades, non vos miento
Gonzalo de Berceo

Quizá te extrañe
-aunque sea coherente para mí-
esta forma de hacerte llegar mis pensamientos,
estas palabras torpes escritas al tirón,
en vez de aquella charla que debimos tener
de tú a tú, entre gentes que debieran quererse.

Pero cuando tú estás, cuando estás frente a mí,
no consigo saber articular
esas piezas extrañas y sin embargo nuestras,
ese puzzle de vasta soledad donde vivimos.

Después de varios años
durante los que fuiste el mapa señalado,
el pequeño horizonte, el cuerpo en llamaradas,
la diminuta y bella revolución
o acaso el sueño que me hizo avanzar,
es cansado y difícil
soportar la consciencia de que nunca se llega.

Es posible que pienses
que quizá con el tiempo te pude idealizar
-nadie está libre de él: el inconsciente ese
de clase tanto tiempo dominadora y sola-,
pero debes saber que ahora no es así,
ahora ya sé quién eres:
una enorme mujer
con los mismo problemas que yo, que él, que todos,
lo que entiendo y respeto.

Ahora ya no me lleva hacia ti
ningún aire de posesión o cosa semejante
sino un hermoso amor,
un infinito y desdichado amor.

Ahora quiero que sepas -aunque sea por escrito-
que ya sólo pretendo desde cualquier distancia
que te sientas más libre de cárcel o de abrazo
y me cuentes a veces -si es posible-
algo de ti.

Sé que la soledad
no se agota en tus labios ni en los míos
y que la vida es dura,

trágicamente seria.

Sé que no llegaremos donde tú y yo soñamos,
que la muerte nos une y sin embargo
ahí está el camino:
hermoso y miserable como un torno desnudo,
como un largo relato de amor y explotación.

Hay que avanzar, hay que avanzar.

Pero es necesario
sentir un cuerpo aquí junto al costado.

Ya sé por qué razón
yo quise siempre, siempre, trabajar junto a ti.

Javier Egea

Stand by me

22 enero 2012
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Animal de luz

21 enero 2012
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Soy en este sin fin sin soledad
un animal de luz acorralado
por sus errores y por su follaje:
ancha es la selva: aquí mis semejantes
pululan, retroceden o trafican,
mientras yo me retiro acompañado
por la escoria que el tiempo determina:
olas del mar, estrellas de la noche.

Es poco, es ancho, es escaso y es todo.
De tanto ver mis ojos otros ojos
y mi boca de tanto ser besada,
de haber tragado el humo
de aquellos frenes desaparecidos,
las viejas estaciones despiadadas
y el polvo de incesantes librerías,
el hombre yo, el mortal, se fatigó
de ojos, de besos, de humo, de caminos,
de libros más espesos que la tierra.

Y hoy en el fondo del bosque perdido
oye el rumor del enemigo y huye
no de los otros sino de sí mismo,
de la conversación interminable,
del coro que cantaba con nosotros
y del significado de la vida.

Porque una vez, porque una voz,
porque una sílaba
o el transcurso de un silencio
o el sonido insepulto de la ola
me dejan frente a la verdad,
y no hay nada más que descifrar,
ni nada más que hablar: eso era todo:
se cerraron las puertas de la selva,
circula el sol abriendo los follajes,
sube la luna como fruta blanca
y el hombre se acomoda a su destino.

Pablo Neruda

Soledad

20 enero 2012
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Nadie va a salvarnos.
Ni el amor, ni la fe, ni las palabras.
Nadie va a saber que fuimos tantos
embarcados en el haz de la ternura,
angustiados y desnudos,
errantes y remotos.

Nadie hablará por nadie.
A cada quien se le rompe el alma
con sus propios días mal escritos
o se le seca la espiga del mundo
cuando apenas la roza con sus manos.

Nadie va a defendernos
que la querella del silencio
ni a amarrarnos el nudo de la vida
o  de los zapatos, nadie
va a lavarnos de noche el corazón
con las gotas apuradas del sueño o del cariño
para aliviarnos del rudo, misterioso animal
que ama y carga nuestro nombre por el mundo.

Nadie va a salvarnos
de morir siempre a destiempo
prematura o viejamente agradecidos de lo simple,
aguerridamente tristes, y juntos, en la muerte.
Nadie va a mirarnos rodar en la ceniza
(somos incompetentes para la eternidad).
Nadie buscará los sitios
donde trazamos el alma alguna noche
con el mudable entusiasmo del amor o del instante.
No quedará tal lugar.
No quedarán los aromas ni los días ni los ecos.

Nadie va a explicarnos
porque estar aquí es ver morir una estrella en la nieve,
prender una fogata en la noche,
quemarnos los párpados con lágrimas azules,
fumar un cigarro antes de que la lluvia termine.

No tenemos tiempo de saberlo todo ni de amarlo todo.
Nadie fabrica el pan de lo divino.
Hemos jurado tantos nombres en vano,
y hemos caído alguna noche de rodillas
cerrando los ojos
porque el silencio fue la única oración
que guardaron nuestros labios,
pero no bastó para decirle a dios
que estamos solos.

Solos frente a la primera lluvia
de una infancia de aguaceros,
frente a los trenes negros de una interminable madrugada,
bajo la sombra del oyamel
que perfumó las manos de mi abuela
en una helada montaña donde aprendieron mis pies a caminar.

Solos junto al grito de dolor de los que se aman,
solos en el instante desnudo de la gracia o la verdad
solos junto al fruto
de ese cuerpo que amanece en nuestros brazos.

Solos en la espesura ancestral de nuestros muertos
y en los barcos donde zarpa la dicha o la amargura
y junto a ese desconocido que todos los días
se quita lentamente la máscara, el abrigo y las palabras
frente a la noche del mundo.

Nadie va a salvarnos.
Nadie va a saber que lo sabemos.

Jorge Fernández Granados

Poema para inventar un dios

19 enero 2012
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Vas y vienes como delicioso mensajero
enviado por los dioses
y me oyes hablar y hablar
con esa deliciosa curvatura de tus labios,
dispuesto a corregir con armonioso acierto.
Tu rozas el delicado tobillo del amor
con la agilidad de un gato.
Alargas tus ojos hacia los lechos purpúreos de sueños
mientras enciendes tu cotidiano cigarrillo
como una luciérnaga que ilumina para capturar la noche.
Me parece que estás poseído, ya no hablas,
tu lengua se ha secado y tu risa luce
como un pequeño regalo envuelto en alas
de delgadas mariposas.
Ebrio más que Baco deslizas tus movimientos
a través de mi cintura.
Lentamente, abandonados, somos un par de astros
que estallan en la dimensión de un lecho.

Orietta Lozano

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