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El filósofo no dijo

3 junio 2017
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¿Qué secreto había descubierto Nietzsche
cuando caminaba las calles de Turín
antes de arrojar sus brazos alrededor
de un caballo que estaba siendo golpeado y colapsar
en un coma que duró una década?  Aferrándose
a la bestia marrón encogida de miedo, dijo
Madre, soy estúpido.  La cabellera salvaje y un traje
de tweed de tres piezas constreñían el cuerpo
que sostenía la mente que sabía demasiado.
¿Por qué estoy excavando respuestas de hombres muertos
cuando ellos estaban todos tan locos como yo?
El caballo, sus ojos huecos como los
del elefante birmano al que Orwell disparó
décadas más tarde, se parecía a toda
criatura traicionada. Quizás Nietzsche
vio el shock en los ojos del animal—
cómo todo humano contiene la capacidad
de infligir crueldad.  La mirada que se convierte
en reconocimiento, en resignación, en un ojo
que refleja un campo lleno de caballos caídos.

Jennifer Franklin

Encenderé un fuego

2 junio 2017
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Es de noche
en la curva
donde debo torcer
el camino.

La noche se atraviesa
como un jinete
corta en seco
el campo oscuro.

Soldaré metales
y así se soldará mi corazón.

Moldearé arcilla
y así suavizaré mi corazón.

Encenderé un fuego
y así se purificará mi corazón.

Trabajaré la tierra cada día
y así mi corazón se volverá fértil
cada día
cada día.

Belén Iannuzzi

31 mayo 2017
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Vuelvo
de más allá del conocimiento
ahora hay que desaprender
tengo claro que de otro modo
no podría seguir viviendo.

Charlotte Delbo

30 mayo 2017
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El año es como el año hace mil años,
llevamos el cántaro y golpeamos el lomo de la vaca,
segamos sin querer saber nada del invierno,
sin saber nada bebemos mosto,
pronto habremos sido olvidados
y los versos se desharán como nieve ante la casa.

El año es como el año hace mil años,
miramos al bosque como establo del mundo
mentimos y tejemos cestos para peras y manzanas,
dormimos mientras nuestras botas sucias
se descomponen ante la puerta de la casa.

El año es como el año hace mil años,
no sabemos nada,
no sabemos nada del ocaso,
de las ciudades hundidas, de la corriente
en que se ahogaron hombres y caballos.

Thomas Bernhard

Quizás, quizás, quizás

28 mayo 2017
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Oda a Marte

27 mayo 2017
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Veo fotos de Marte en internet. Y me pongo a llorar.
Marte me recuerda a mi infancia, cuando miraba al cielo en
las noches estrelladas y sentía que la vida sólo era futuro.
Quizá Marte sea el futuro. Yo creo haber estado en Marte,
haber cogido alguna de esas piedras marcianas y haberla
arrojado contra el cielo. No me es desconocido Marte. Marte
me devuelve la fe en la vida, en mi vida. Es una prueba de que
existen la grandeza y el silencio. Grandes avenidas de Marte,
con sus rascacielos de frío. Marte muerto porque nadie lo
contempla, pero tan vivo en esa muerte. Porque los hombres
no contemplan simplemente, sino que devoran. Así que es
mejor, querido Marte, que hagas lo posible por alejarte unas
cuantas órbitas de nosotros, o te invadiremos. Y lo que hoy
es silencio y pesadilla del no-ser, a lo mejor se convierte en
New Marte, en ciudades con casinos, en autopistas, en
aeropuertos, en hoteles, en centros comerciales, en rascacielos,
en casas de pisos, en subterráneos heladores, en cementerios,
en pistas de tenis, en piscinas cubiertas, en campos de golf, en
basureros florecientes, en naves industriales, en fábricas, en
zoos, en cárceles. Oh, Marte, llévame contigo ahora que
todavía no hay nadie en ti, déjame pasear por tu cuerpo sin
caminos, déjame volver a la tierra antes del mundo, a la tierra
quinientos mil años antes de Cristo. Pisar Madrid entonces.
Pisar Nueva York entonces. Pisar París entonces. Pisar el
viento. Las cuevas. Las colinas. Las piedras. Marte, te quiero.
Cásate conmigo, yo también soy un ángel que vaga en este
cosmos enamorado. Marte, amado mío, lárgate de aquí.
Lárgate, tío, ahí tan cerca peligras.

Manuel Vilas

26 mayo 2017
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Cuando me caigo
me caigo.
No hay metáfora
que aguante.

Cynthia Langier

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