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susurros hacia dentro

22 marzo 2017
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di tu nombre y recuerda quién has sido
di que todo es igual luego que nada es lo mismo
di aquí y repítelo hasta que te abandone la deriva
di tu tonta verdad y defiéndela hasta que encuentres otra
di debajo de mi piel puede que no quede nadie
di todo aquello que tuve y llora como hacen todos
di que no te arrepientes aunque lo hayas perdido todo
di cómo he podido llegar a esto por última vez y huye
di que basta que ya no que nunca más pero vuelve a tropezar
di algo definitivo y no dejes que las palabras te maten
di había una vez y empieza de nuevo las veces que hagan falta
di hasta luego y mira lo que dejas atrás pero no regreses

Rocío

Forget what I said

19 marzo 2017
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Trayecto

17 marzo 2017
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Entre la noche
y la Noche

de Sol a sol

vamos
dejándonos
por el
camino

sombras
del tiempo

abandonamos
lo que somos

y al final
somos lo que
abandonamos.

Aviones de papel bajo la lluvia (2016)
Gabriel Chávez Casazola

La realidad

16 marzo 2017
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La realidad no se esfuma
como se esfuman los sueños.
Ni ruidos ni timbres
la dispersan,
ni gritos ni estruendos
la interrumpen.

Las escenas en los sueños
son equívocas y ambiguas,
lo que se puede explicar
de muy distintas maneras.
Lo real representa lo real,
por eso es mayor su misterio.

Para los sueños hay llaves.
La realidad se abre sola
y no se deja cerrar.
Por el resquicio se asoman
certificados y estrellas,
se derraman mariposas
y almas de viejas planchas
gorros sin sus cabezas
y los cráneos de las nubes.
De esto surge un acertijo
que no tiene solución.
Sin nosotros no habría sueños.
Aquel sin quien no habría realidad
no es conocido,
y el producto de su insomnio
se contagia a todo
el que despierta.

No deliran los sueños
delira la realidad
aunque sea por insistencia
con que se aferra
al suceder de los hechos.

En los sueños aún vive
nuestro difunto reciente,
goza de buena salud,
se ve incluso más joven.
La realidad tiende ante nosotros
su cuerpo sin vida.
No retrocede ni un paso.

Los sueños son tan ligeros
que la memoria se los quita de encima fácilmente.
La realidad no tiene que temerle al olvido.
Es un hueso duro de roer.
Nos trae de cabeza,
nos pesa en el alma,
se nos enreda en los pies.

No hay escapatoria,
la realidad nos acompaña en cada huida.
Y no hay una estación
de nuestro itinerario
en la que no nos espere.

Wislawa Szymborska

Momentos

15 marzo 2017
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Yo, fatalista,
mirando la vida llegándose y alejándose
de mis semejantes.

Yo, dentro de mi misma,
siempre en espera de algo
que no acierta mi mente.

Yo, múltiple,
como en contradicción,
atada a un sentimiento sin orillas
que me une y me desune,
alternativamente,
al mundo.

Yo, universal,
bebiéndome la vida
en cada estrella desorbitada,
en cada grito estéril,
en cada sentimiento sin orillas.

Y todo para qué?
-Para seguir siendo la misma.

Julia de Burgos

Lo que es verdad

14 marzo 2017
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Lo que es verdad no echa arena en tus ojos,
por lo que es verdad sueño y muerte te piden perdón
como algo interno, aconsejado por cada dolor;
lo que es verdad mueve la losa de tu tumba.

Lo que es verdad, tan hundido, tan borroso
en el germen y en la hoja, en el perezoso lecho de la lengua
por un año y otro año y todos los años-
lo que es verdad no crea tiempo, lo compensa

Lo que es verdad peina una raya a la tierra,
desbroza el sueño, la corona y el cultivo,
hincha su cresta y cargado de frutas cosechadas
te hinca sus dientes y te bebe del todo.

Lo que es verdad no se suspende hasta la incursión
en la que tal vez todo esté en juego.
Tú eres su botín al abrirse tus heridas;
Nada te asaltará que no te traicione.

Llega la luna con los cántaros de hiel.
Bebe tu medida. Cae la amarga noche.
Nieva la escoria en el plumaje de las palomas,
ni una sola hoja se pone a salvo.

Estás preso en el mundo, cargado de cadenas,
pero lo que es verdad abre grietas en la pared.
Velas y en la oscuridad vigilas,
vuelta la cara hacia la salida desconocida.

Ingeborg Bachmann

El invernadero

13 marzo 2017

Filosofía de invernadero

“De todas formas, un hombre debe estar en todo momento en contacto con su oscuridad. Con su fracaso. Y dispuesto (o al menos avisado) para perderlo todo en el minuto siguiente. La sombra está siempre ahí. Uno puede rozarla con la punta de los dedos, sin darse cuenta, en cualquier momento. Al levantar una taza para echar el café de la mañana. Al coger el abrigo. Al girar la cabeza para ver quién pasa por la calle. No importa lo que uno tenga. No importa lo que haya logrado”, dijo Furey  con énfasis dramático, medio emboscado tras la espesura del invernadero.

Un pequeño inciso al comenzar el año

La mañana, la luz, el comienzo, el olor del café, esas cosas. Los ruidos en la escalera, las voces humanas, los propósitos, los días, la confianza, todo eso. Las palabras elegidas, la necesidad de creer en algo, incluso el amor a la vida, todo es lo mismo. El deseo, el sexo, las canciones, las imágenes futuras que pretendes haber visualizado. Ese feliz paseo al atardecer por la orilla del mar o por donde sea: todo es precario y escaso. Todo es insuficiente y está tocado por la sombra y ajado por la sombra y anegado en temporalidad. Todo es amargo y proyecta su inclemencia y su amargura una y otra vez. Y sin duda, es cierto, resulta por un instante hermoso y verosímil. Y hasta emocionante y conmovedor. Pero a la vez es cruel, asfixiante, terrible, fugaz, póstumo.

Creemos que habrá una coherencia en los hechos, pero en realidad no tiene por qué ser así

Creemos, tendemos a creer, en la lógica de los acontecimientos. En el desarrollo ordenado del drama. En los puntos de inflexión y en los momentos decisivos. En las leyes de la ficción, en el suspense y en la estructura clásica de las películas y de los cuentos. Pero naturalmente no tiene por qué ser así. Lo que hay es un ir. La vida es una especie de ir. Vamos. Todos nosotros. Vamos hacia adelante. Y eso es todo. O quizá, incluso, ni siquiera tanto. Quizá, en muchos casos, habría sencillamente que referirse a un mero dejarse llevar. O a un mero estar ahí. Porque, por supuesto, la cuestión del “hacia dónde” es demasiado oscura, solo admite conjeturas. Por no hablar del “porqué”, claro. Más conjeturas. De modo que lo importante al final (ya que nos gusta, o necesitamos, o no podemos evitar dar importancia a algo), es el cómo. Puesto que vas (o puesto que estás ahí), lo importante es cómo vas (o cómo estás ahí). El cómo. Más que el adónde. Y más que el porqué. ¿Qué importa el adónde? ¿Qué importa el porqué?

El invernadero (2016)
Fernando Luis Chivite

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