Skip to content

9 diciembre 2017
tags:

Hoy te podría decir que soy un vaso
de leche tibia para el insomne
o tal vez que llueve mucho.
Me pasaría la tarde hablando
de cosas triviales
como decir arroz o harina
o qué bien huelen tus cabellos.
Si estuvieras aquí
tal vez, hasta me atrevería
a decir que te amo.

Thelma Nava

Anuncios

Hay un canto en mí

8 diciembre 2017
tags:

 

Hay un canto en mí que mi boca jamás pronunciará -que no escribirá mi mano en ningún trozo de papel.
Hay un canto en mí que debo escuchar yo solo, que debo padecer y soportar solamente yo.
Hay un canto preso en mis venas como los celestiales adagios del argentado órgano, hay un canto que como la raíz del gladiolo no florecerá bajo el alud.
Hay un canto en mí que estará siempre en mí.
Si este canto saliera de mi corazón, quebraría mi corazón.
Si este canto escribiera mi mano, ninguna otra palabra escribiría mi mano.
Este canto no se dirá sino en la última hora de mi vida; este canto será el inicio de una feliz agonía.
Hay un canto en mí que no puede salir de mí porque no se han creado aún las palabras necesarias.
Un canto sin medida y sin tiempo; sin ritmo y sin leyes.
Un canto sin ningún sosiego y que astillaría cualquier lenguaje.
Un canto inatendible sin que el alma se intimide por la sorpresa y se coloree de otro sol.
Un canto más respirado que dicho, más presentido que expresado: son de luces, rayo de acordes.
Un canto sin ansias de música porque sería más melodioso que cualquier otro instrumento conocido.
En mi corazón inmenso, que por días abarca el universo, a este canto le cuesta quedarse adentro.
En los minutos más angustiantes de la vida, este canto querría derramarse de mi corazón demasiado estrecho como el llanto de los ojos de quien se llora a sí mismo. Pero lo rechazo y lo engullo, pues junto a él también la sangre de mi corazón se derramaría con la misma furia voluptuosa.
Lo encierro en mí mismo porque no quiero morir aún.
Soy una víctima dulce de este canto divino y homicida.
Debo cerrar el corazón como la puerta de una cárcel y sofocar sus latidos sobrehumanos como si fueran remordimientos.
Y ser, con toda mi ternura, el hombre feroz al que no se acercan los débiles.
Porque mi canto sería un aterrador canto de amor, y ese amor abrasaría todo lo que toca.
El amor que solo cobija es apenas tibio, pero el verdadero amor en el mismo soplo besa y destruye.
Este amor resplandecería tanto de candente avidez que ese día la tierra iluminaría al sol y la medianoche sería más ardiente que el mediodía más ardiente.
Pero yo no cantaré jamás este canto terrible que me consume sin que nadie tenga compasión de mi tormento.
Yo no cantaré jamás este canto maravilloso del que mi temor reniega y que espanta mi debilidad.
No cantaré este canto porque nadie podría sustentar la infinita, la desgarrante, la dolorosa dulzura.

Giovanni Papini

Segunda vez

7 diciembre 2017
tags:

En el acto ingenuo
de tropezar dos veces
con la misma piedra
algunos perciben
tozudez
Yo me limito a comprobar
la persistencia de las piedras
el hecho insólito
de que permanezcan en el mismo lugar
después de haber herido a alguien.

Cristina Peri Rossi

Conjuro

6 diciembre 2017
tags:

Que cada semilla contenga un bosque.

Carmen Camacho

5 diciembre 2017
tags:

Amo la vida pequeña,
sentarse en la entrada
para ver cómo pasa la gente,
cómo se mueve un gorrión,
cómo se inclina la tarde
en las casas del cuerpo.

Ya sé que moriré
mucho antes de que hayan muerto
los árboles que quiero.

Pero no me preocupa nada,
porque en el instante
en que se me rompa el último hilo
seré sólo aquella mujer
que se sentaba en la entrada
para mirar simplemente
y ser hoja y raíz.

Laia Noguera Clofent

Aullidos

4 diciembre 2017
tags:

(Edvard Munch, 1863-1944)

Del otro lado de la calle
se escuchan todavía
los gritos.
Una sirena
le pone música
a la distancia.

Casi todos
los días
lo mismo:
el silencio no para
de sonar.

Pero esos gritos
hoy
y la sirena,
el estilete entrando en la garganta.

No es universo
todavía
mi angustia.
Pero siento ya el campo
sembrado.

Eduardo Mileo

Libro de horas: diciembre

2 diciembre 2017
tags:

Desde la ventana observo la plaza: a los plátanos
les quedan cuatro hojas exhaustas que no
se deciden a emprender el último vuelo. Cuatro
son también los días que cuelgan del calendario,
a punto para caer cuando nadie mire. Todo
acaba desprendiéndose y volviendo a tierra
con la fría ventada de la estación
desfavorable. El proceso es lento, casi
imperceptible. Hay que estarse noches enteras
acostumbrando la mirada a la quietud
antes de advertir cómo la vida pierde los pétalos,
pierde los días, pierde el oxígeno, pierde las aves,
pierde los cuerpos y pierde las respuestas. También los muertos
celebran la Navidad, sentados alrededor
de los juguetes. Tras la ventana pienso
en ellos, que es una manera de pensar en mí.
Y la vida pierde las hojas, indiferente
a todo, como un inmenso árbol caducifolio.

Gemma Gorga

A %d blogueros les gusta esto: