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Una mujer extendiendo una sábana

5 enero 2017
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Ocurren un montón de cosas que somos incapaces de explicar.

Vamos de un sitio a otro, tomamos algunas decisiones,
creemos haber hecho algo y no hemos hecho
absolutamente nada,
y sin embargo ese no hacer nada es lo mejor que tenemos.

Recuerdo una mañana en la que todo se mantuvo en silencio.
Yo había optado por el camino equivocado
y en lugar de subir la escalinata de piedra
y atravesar apresuradamente la puerta
del olvido de uno mismo,
me adentré en la ciudad.

Era muy joven
y estuve dando vueltas por las calles medio vacías
sin saber a dónde ir.
La ciudad estaba allí, ante mí,
como un enorme artefacto peligroso que yo no sabía utilizar,
pero no sentí ninguna clase de temor sino en todo caso
sencillamente asombro y soledad.
Se abrían las puertas de las primeras tiendas
y la gente ocupada agachaba la cabeza
preparándose para su nuevo día de trabajo.

Sin embargo lo que recuerdo con más intensidad es una calle
en la que siempre daba el sol.
Aquella mañana atravesé muy despacio aquella calle.
Atravesé aquella calle con una lentitud infinita
y al llegar al final me di la vuelta.

Quizá pasé una hora yendo de un lado a otro
con la mayor lentitud que puede alcanzar deliberadamente un ser humano.
No sé lo que es el tiempo, todo el mundo se arriesga a decir algo
y al final la mayor parte de las veces suena bastante estúpido.
Aquella hora ha sido la hora más ancha de mi vida
y sin embargo
ignoro la verdadera naturaleza de lo que allí ocurrió,
pues en verdad no hice nada.

Durante toda mi vida he recordado esa hora,
la luz de aquella calle, el sol en las fachadas de las casas,
todo eso. Y lo he recordado
con mayor nitidez y con mayor emoción a medida que pasaban
los años. Me veo allí de nuevo pasar de un lado a otro,
los detalles no son siempre los mismos,
aunque ignoro por qué.

A veces descubro una mujer extendiendo una sábana
al otro lado de una ventana,
o el rótulo de un almacén o de una tienda
que no había visto antes.
Pero lo que no cambia en ningún caso
es el sentimiento que me trae esa imagen,
la sensación de estar libre
y a salvo.

Supongo que será completamente inútil
tratar de darle más vueltas al asunto.
En ocasiones creo intuir el verdadero valor
de lo que allí pasó,
pero al instante siguiente ya no estoy tan seguro.
Hay algo que me impide hacer el esfuerzo de intentar explicarlo.

Calles poco transitadas (1998)
Fernando Luis Chivite

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