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El adiós

2 julio 2016
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Somos devueltos a nuestro origen
Este fue el lugar de la evidencia, mas desgarrado,
Las ventanas entreveraban demasiadas luces,
Las escaleras subían demasiadas estrellas
Que son arcos que se hunden, escombros,
El fuego parecía arder en otro mundo.

Y ahora los pájaros vuelan de recámara en recámara
Los postigos caídos, el lecho está cubierto de piedras,
El hogar pleno de restos del cielo que pronto se apagarán,
Allá nosotros hablábamos, la noche, casi a voz baja
A causa de los rumores de las bóvedas, allá sin embargo
formamos nuestros proyectos: mas una barca,
Cargada de piedras rojas, se alejaba
Irresistiblemente de una orilla, y el olvido
Posaba ya su ceniza sobre los sueños
Que recomenzábamos sin fin, poblando imágenes
El fuego que ardió hasta el último día.

¿Es verdad, amiga mía,
Que no existe más que una palabra para designar
En la lengua que llamamos la poesía
Al sol de la mañana y aquel de la tarde,
Uno sólo el grito de alegría y el grito de angustia,
Uno solo el río arriba desierto y los golpes de hachas,
Uno solo el lecho destruido y el cielo de tormenta,
Uno solo el niño que nace y el dios muerto?

Sí, yo lo creo, quiero creerlo, ¿pero cuáles son
Estas sombras que dominan el espejo?
Y ve, la zarza toma entre las piedras
Sobre la vía de hierba aún mal trazada
Donde se sostenían nuestros pasos hacia los jóvenes árboles.
Me parece hoy, aquí, que la palabra
Es este cántaro medio quebrado, en donde se derrama
Con cada nube de lluvia el agua inútil.

La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.
Todo busca siempre retejer el mundo.
El paraíso es disperso, lo sé,
Es la mancha terrestre de en ello reconocer
Las flores diseminadas en la hierba pobre,
Mas el ángel ha desaparecido, una luz
Que no fue más repentina que el crepúsculo.

Y como Adán y Eva nosotros caminaremos
Una última vez en el jardín.
Como Adán el primer arrepentimiento, como Eva la primera
Valentía nosotros querremos y no querremos
Franquear la puerta baja que se entreabre
Allá abajo, al otro extremo de los bordes, coloreado
como auguralmente por un último rayo.
El porvenir se toma en el origen
Como el cielo reflejado en un espejo curvo,
¿Podremos recoger de esta luz
que ha sido el milagro de aquí
La semilla en nuestras manos sombrías, para otras charcas
Al secreto de otros campos “tachados de piedras”?

Claro, el lugar para vencer, para nosotros vencer, es aquí
Del cual partimos, esta noche. Aquí sin fin
Como esta agua que se escapa del cántaro.

Yves Bonnefoy

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