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Oda marítima

11 junio 2016
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Let all things pass away
W. B. Yeats

El marinero conoce el mar, aprende a nombrar todas las partes del barco, y sabe distinguir las olas diferentes y los vientos. Babor, proa o palenque son para él palabras bellas, sugerencias, pero también objetos cotidianos y reales. El marinero disfruta de puertos cambiantes, y pasa frío o calor según la geografía. Anhela transgredir el horizonte, pero sabe que el mar sólo depara otro mar parecido. Anhela la isla que se ve a lo lejos, aunque sabe -o aprende- que el reposo de la isla es fugaz y transitorio. Conoce el misticismo de lo quieto, el poema del cuerpo, del dolor o del paisaje. La duda perenne y el miedo a la muerte, cuando se vive más, en la galerna. Ama, sufre, vende perlas y, a veces, ve la nieve. Viejo, abandona el barco, porque sabe que a eso iba destinada su vida. Y sentado en el puerto -solitario tal vez- mira el mar como quien conoce ya todas las cosas. Feliz, lleno de sol, ni justo ni sin justicia, el marino contempla el suave andar de las olas tranquilas. Como quien, sin preguntas sobre el destino, sabe que ha vivido, y que a eso iba destinada, magnánima, toda su vida.

Luis Antonio de Villena

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