Skip to content

Ahora

7 junio 2016
tags:

A Charles Tomlinson

Quizás escribir sea sólo la huella
que los dedos dejan sobre el papel,
el tránsito entre lo que vemos y su ausencia,
un sonido que se despide en lo que dice,
el rostro que reconocemos
al cruzar una estación extranjera,
el nombre que queda en los labios
unido a la materia errante de los días.
Una ligera lluvia
barre ahora la plaza.
………………………………………………Yo escribo
no desde mi nombre: desde los nombres,
no desde los nombres: desde su ausencia,
desde mi ausencia,
desde el no que se niega.
Si yo estuviera aquí,
……………………………………(pero no hablo del yo)
si estuviera: no podría decirlo.
Por eso escribo,
desde una diezmillonésima de segundo
de mí, de ti, de lo que digo:
ese espacio hecho de ciudades,
de nadas escritas,
de memorias e ignominias,
de pájaros pintaos
sobre la palma invisible del aire,
el tiempo de Zenón
que siendo nada se dilata.
Ese espacio, entre tu mano y la mía,
es un mar: oye en tu sangre los ecos
no de ti, de lo que llamas distancia.
Es como volver un instante
por el camino. No se puede.
Escribir no es  un absoluto.
Vivir, tampoco.
Es algo más que un absoluto
el indecible don de sabernos tiempo.
Cuando el Buda se sentó bajo el árbol,
cuando Alcibíades entró borracho
a la comilona de Sócrates,
la luz que vio Ficino
(“es un ojo que mira todas las cosas
en cada cosa”, escribió),
la noche sola del vigía
y tu aparición en un bar
una navidad de mil novecientos
setenta y siete:
eras el peso sin peso de lo real
gravitando sobre mis sentidos hechizados,
todo lo que ya fue,
con sus pequeñas muertes
y el desplazamiento continuo
de la memoria en la espiral del tiempo.
No falta nada, me digo. La vida
es este adiós que no se dice,
la errancia de sentidos,
el sol que esta mañana entró en mi cuarto
y la lluvia que ahora azota las ventanas.
Vivir, se trata de la vida.
Cuando el pájaro saltó de la trampa
al aire verde de aquel día
de la infancia y tú te fuiste con él,
y la noche de testigo en el hospital:
alguien, con el rostro desdibujado,
llamó cuando tú caminabas por el insomnio,
“Hábleme mientras muero, me pidió,
aunque sólo sea del tiempo que hace.”
¿Qué ve?, le pregunté.
“Veo lo de siempre. El misterio es ver.”
¿Quién era? No pude reconocerlo.
Tal vez yo mismo. En otro tiempo.
Ver es testimoniar, somos testigos,
y en toda cosa las cosas resuenan
y son únicas, tiempo que pasa,
un sonido que en lo que dice
…………………………………………………se desdice:
canto rodado, piedra del camino,
la piedra con ojos, la voz que pasa,
la luz entera, el pliegue de la voz,
un cuerpo del otro lado del cuerpo.
Yo oía las imágenes
en el cuenco de barro de la noche,
en la retina de la lengua.

Dije, no lo que veía, lo dicho,
no lo dicho: la voz que se desdice,
realidades que el corazón exalta:
no un mundo de reflejos,
los cuerpos habitados por el tiempo.

Juan Malpartida

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: