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Liturgia ortodoxa

10 mayo 2016
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Voces profundas piden tenaces compasión
y nada tienen en su defensa, excepto
su maravilloso canto, aunque no haya
nadie en la habitación y sólo gire
muy rápido, dé vueltas un disco invisible.

La voz de uno de los solistas evoca la dicción
de Joseph Brodsky al recitar sus increíbles poemas
ante un público americano que no creía
en absoluto en la posibilidad de la Ascensión,
pero parecía feliz de que otros lo creyeran.

Quizá baste (o así lo pensamos)
que alguien crea por nosotros.

Siguen cantando las voces graves.
Ten piedad de ellos.

Y también apiádate de mí,
Señor invisible.

Adam Zagajewski

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