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6 mayo 2016
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Cuentan que Ulises no amaba el mar,
y es porque estaba prisionero
en sus brisas, sus olas y tormentas,
como entre cobertores guarnecidos con encajes.
Igual me ocurre a mí. No amo la poesía
y aún me rindo a ella, me tiene prisionero
y salvo lo que soy, nada puedo al lector ofrecerle.
Como aquel que continuamente cambia
de posición los remos y regresa, jugándoselo todo,
a un cuento donde no será reconocido,
entre imágenes que elige con cuidado:

Soy ese cerdo.
Soy esa fresa en el jardín.
Soy el humo de esa pipa.
Soy ese espumarajo en la boca.
Soy esa rueda.
Soy esa mano que la rueda oprime
al pasar mientras cruje la grava
en paralelo a otra rueda.

Aleksandar Ristovic

Traducción del inglés de Abraham Gragera

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