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Lo que nos revela un bodegón

7 abril 2016
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(para mi hijo Guillermo)

No te admiras, hijo, lo comprendo.
Hay tanto a cada instante y en cualquier lugar,
que es imposible, ni siquiera enumerarlo:
rectas, planos, bultos que vienen y que van,
cosas que parecen importantes, pero no,
a las que habrá que dar algún
tamaño, cuerpo, nombre, longitud.
¡Esa turba de colores, ese enjambre de apariencias!
Es probable que sea lo que vemos algo incierto,
pero hay sólo un segundo para saberlo
antes de girar el cuello, de cruzar la calle,
de caer rendido, de pasar de página al suceso.

Distinto es con un cuadro,
donde el mundo es poco y cabe en un vistazo:
caja de jalea, rosca de pan, enfriador de botella,
mantel, bandeja, vaso y un cubierto;
objetos que parecen vanos, pero no.
Aunque humildes, nos ruegan
que paremos ante ellos un momento.
Quizá no sea eso que vemos lo que vemos,
sino formas portentosas que nos fuerzan
a mirar cómo las miramos.

No te apresures, nos dicen esas cosas.
Admíranos y, después,
admírate de que te admiras.

Santiago Elso Torralba

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