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Difusión simple

23 febrero 2016
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Es extraño vivir, pertenecer
al reducido mundo en movimiento.

Es extraño vivir y beber zumos
sobre arenas doradas en septiembre,
hablar con el objeto de tu amor
—porque vive también
a pesar de que sea algo improbable—.

Es extraño vivir y caminar tranquilo
sobre la piel reseca de los muertos,
no estar con ellos, no ser uno de ellos
—ni siquiera pensarlos todo el rato—.

Los muertos son millones y uno solo;
un cuerpo que se encoge. Nada más.
Es sencillo entender su podredumbre
y el engranaje simple de su olvido.
Pero existir. Estar. Desafiar
con tu sola presencia al gran ejército
de la noche requiere un pensamiento
abrumador, inútil, complicado.

Y sin embargo es fácil contentarse
con esta extraña dicha que es saberse
y descubrirse día a día en el reflejo;
celebrar las miserias porque son
cuando todo podría no ser más,
y salir al tedioso mundo infame
armado con el don de estar cansado
y dolorido. Ser. Pertenecer
al diminuto imperio del aliento.

Los últimos perros de Shackleton (2016)
Ben Clark

Por cierto, me encantó el libro de este joven poeta español

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