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Las cucaburras

6 febrero 2016
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En cada corazón hay un cobarde y un procrastinador.
En cada corazón hay un dios de las flores, esperando
sólo el momento para salir de entre las nubes y abrir las alas.
Las cucaburras, martines pescadores, apretadas contra el límite
de su jaula, me piden que abra la puerta.
Años después, me despierto en la noche y recuerdo
que no lo hice y mejor me fui.
Ellas tenían ojos cafés como los perros generosos.
Ellas no querían hacer algo extraordinario, sólo volar
a su casa en el río.
En este momento, supongo que la gran oscuridad ya las ha cubierto.
En cuanto a mí, todavía no soy un dios, ni siquiera de las flores más mediocres.
Nada más ha cambiado tampoco.
Alguien arroja sus huesos blanquecinos al montón de mierda.
El sol brilla sobre el cerrojo de su jaula.
Yo me recuesto en la oscuridad, mi corazón palpitando.

Mary Oliver

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