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28 diciembre 2015
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Ni aquí siquiera, en esta tierra extraña donde me ha arrojado,
volteándome la ola de la desventura,
pude encontrar la paz sepulcral de los naufragios.
Por más que la negra sed agite mis entrañas,
aunque mi voz se ahogue gimiendo de dolor,
siempre seré la víctima con que juegan los sueños.
Cuando esos dos ojos tuyos lucían sobre mí,
rasgando el fondo oscuro de mis pensamientos,
sin darme cuenta hallaba el camino hasta tus labios.
Estoy yaciendo frente a ti, y sueño con palacios
de hadas, como aquellos que prefiere el cuento,
y no veo como entras en la vida igual a un dios, tú,
y cuán indignas son mis vestiduras…

María Polydouri

Traducción: Juan Manuel Macías

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