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Sobre Truman de Cesc Gay

30 septiembre 2015
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Aquellos que disfruten y se sientan cerca del cine español, tal vez experimenten igual que yo, cierta sensación de orgullo por esta película. Me ha dado mucha alegría encontrarme con una realización, a mi parecer, audaz, lúcida, de a ratos intensa y de a ratos reflexiva. Una trama sencilla desde la cual se despliega un tema complejo: el fin de la vida. Unos personajes interpretados con soltura e inteligencia, un Javier Cámara impecable, un Ricardo Darín absoluto.

Todo transcurre en cuatro días, el tiempo que el personaje de Javier Cámara va a visitar a su amigo Ricardo Darín, quien tiene un cáncer avanzado y se encuentra buscando un nuevo dueño para su perro Truman, en vistas a su muerte. Cuatro días que parecen durar mucho más para los personajes, ya que atraviesan momentos trascendentales de sus vidas, y a quienes les toca reencontrarse luego de muchos años al mismo tiempo que despedirse para siempre.

Una película con la que cada quien, inevitablemente, va a enfrentarse a sus propios sentimientos al conectar con la historia. Al menos así nos sucedió a mí y a mi amigo, quien a los pocos minutos de comenzar la película, largó un suspiro envuelto de pesadumbre y desazón. Al escucharlo, pensé que no había sido buena idea ir juntos, sabía que no era su estilo una historia la de alguien con una enfermedad terminal. Lo miré con gesto tranquilizador intentando a su vez disculparme por la elección, mientras que con cierto disimulo disfrutaba cautivada por lo intenso y sin embargo liviano que me resultaba el film, que lejos de angustiarme, despertó en mí un dejo de alegría.

Terminada la película a él la sacudió un golpe de tristeza desolador, no solo se le escaparon algunas lágrimas, sino que me dijo que sentía un nudo, un algo en el pecho, que no logró quitarse hasta después de una cuantas copas de vino. Yo en cambio no recibí más golpiza que la de una gran satisfacción. Por mi sonrisa nadie hubiera dicho que acabábamos de ver la misma peli, y creo que de algún modo no la vimos, eso sí, al igual que él me entregué al vino, pero a diferencia suya, yo con ánimo de celebración.

Fue después de la segunda copa, mientras conversábamos, cuando se me ocurrió pensar en esos dos tipos de personas que de alguna forma quedaban en evidencia a través de nuestras dispares sensaciones: por un lado a quien le resulta trágica la muerte, y por el otro a quien se lo resulta la vida. Definitivamente, él se encuentra entre los del primer tipo y yo entre los del segundo. Sin demasiado esfuerzo es posible también identificar cúal es el bando que defiende cada personaje en la película. El director se encarga de exponer tan bien uno como el otro, consiguiendo con sagacidad que acaben ganando ambos, cada cual a su manera, por supuesto.

Se podría decir que Truman es una película de drama, sí, pero un drama que ofrece permiso especial al espectador para reírse, en cierta forma, de lo dramático y que así no lo parezca del todo. Mientras que a su vez nos invita a reflexionar sobre aquellas cuestiones irremediables, dolorosas, frente a las que pareciera uno no tener nada que hacer, y nos empuja a vislumbrar la idea de que existe una posibilidad a nuestro alcance, que tal vez no cambie el devenir de la cosas, pero sí nuestro manera de afrontarlas, ni más ni menos que la aceptación. Un mensaje que llega sin pretensiones, y por eso es recibido como una caricia de consuelo.

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