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Credo

19 septiembre 2015
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(no un arte poética
sino un fervor que ha caído en versos)

Que la palabra no sea la palabra
sino su ausencia:
una piedra que respira.

Que entregue al nombre su pureza justa
la que lo acerca al borde del vacío.

Que contenga la oración tenaz
de la materia
que palpita en nuestras manos
extática inmutable.

Que esté madura para el estremecimiento
el acorde pulsátil
cuando sucedan el colibrí
y el prodigio.

Que no tema al puñal
que lo devore.

Que esconda el grito crepitante
el humo sin patriarcas
la espuma que ríe
los dogmas de la arena.

Y que al final sepa entregarse a la angustia
a esa rara voluntad de disolución
y cegarse en el silencio
la inercia
la paz.

Adalber Salas Hernández

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