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Retórica especulativa

4 agosto 2015

El lenguaje es en sí mismo investigación. En la tradición filosófica, el lenguaje no es más que un vestigio del que uno puede desprenderse o que se puede corregir, como el soma-sema, como el cuerpo animal convertido en tumba y signo, como las técnicas, como las artes. El lenguaje es la única sociedad del hombre (cháchara, cotilleo, familia, genealogía, ciudad, leyes, charla, cantos, aprendizaje, economía, teología, historia, amor, novela) y no se conoce ningún hombre que se haya librado de él. Así el logos fue desatendido por la philosophia en su despliegue, de la misma manera que el aire es ignorado por las alas de los pájaros, como el agua del río es ignorada por los peces excepto al morir por encima de la superficie del agua en donde se asfixian, una vez transportados por el anzuelo hacia la suavidad y la transparencia atmosféricas donde dejan de moverse y se iluminan.

“El poder es lenguaje. Tu poder es lenguaje. Como emperador de la Tierra, es preciso que seas emperador del lenguaje, que es el amo de la Tierra. Es el lenguaje en ti y no el poder quien expide sin descanso cartas a toda la superficie de la tierra (per orbem terrae litteras), es él quien llama a comparecer a los reyes de otros pueblos, quien les dicta leyes, quien reprime la sedición (seditiosos compescere), quien atemoriza su audacia (feroces territaere). Ninguno de los emperadores anteriores ha usado las figuras que los griegos llaman schémata (Nimirum quisquam superiorum imperatorum his figurationibus uteretur, quae Graeci schémata vocant).” Frontón confiesa la ambición que persigue: convertir a Marco Aurelio en el primer emperador que posea todas las palabras y todos los schémata, todos los simulacros, todas las imagines, todas las formidines (los espantapájaros de plumas rojas utilizados en la caza con lanza, con stilus).  “In bello ubi opus sit legionem conscribere non tantum voluntarios legimus… Las palabras son  los soldados de tu guerra. Cuando quieres formar una legión, no podemos contentarnos con alistar voluntarios. Es impensable que el emperador de Roma pueda hallarse en la situación de parecer un hombre que está buscando, en pleno Senado, ante los Padres, un nombre que tiene en la punta de la lengua, con la boca abierta, esperando que una palabra llueva del cielo sobre la superficie de su lengua como el palladium (ut non hiantes oscitanteseque expectemus quando verbum ultro in linguam quasi palladium de caelo depluat).

La luz, el aire, el agua, la tierra, los vegetales, los animales, a cuyo grupo pertenecemos, son una extraña y antigua disponibilidad limitada en el tiempo y el espacio, pero también limitada por sus propiedades respectivas. Todos se dan sin lenguaje. Todos no están acompañados de razones que no son sino consecuencias del lenguaje, y no son susceptibles de un fin, que sólo puede ser asignado por éste.
Las sociedades humanas, sus ciudades, sus culturas, sus reglas matrimoniales, sus lenguas, sus técnicas, sus migraciones de conquista y sus fines imaginados en forma de historia o de religión son adquisiciones que de ninguna manera rompen con el dato natural, con la dotación física, con la dotación biológica. Los animales ya tienen apareamientos, cantos, modos de asociación social, reglas, adornos, migraciones. Las sociedades humanas no están en condiciones de emanciparse de esa dotación, de esa energía que caracteriza la physis. La historia, que surge al cabo de la era neolítica, no fue sino el akmé de las predaciones (la invención de la guerra) acompañado por el atesoramiento de los productos (la invención de la contabilidad de la escritura). De ninguna manera fue una liberación de las amarras biológicas ni una fuente de dignidad particular. Más bien es un suplemento de horror (la predación entre congéneres, la canibalización intraespecífica). Dentro del mismo horror, no hemos roto con la naturaleza; sólo hemos hecho cruzar los límites que el hambre (que el tamaño de las fauces de las fieras) imponía a la ferocidad de los animales. El lenguaje humano es para siempre un grito que surgió de su imitación y que se exaltó pasionalmente en nosotros, un órgano inhumano que organiza de inmediato los dos pathos que nos acosan, tanático y erótico, de dolor y de placer. Otras numerosas especies animales poseen ese órgano que las divide interiormente en displacer y en exaltación. La caza, la agricultura, la guerra fueron predaciones miméticas y superpuestas que desembocaron en la Historia. Nos lanzamos fuera del ámbito del origen en lo que concierne al espacio inicial, pero el impulso monstruoso  que nos conduce es el mismo: inhumano, natural, dado.

Leer es buscar con la vista a través de los siglos la única flecha disparada desde el fondo de los tiempos.

Trabajar antes del alba, es decir, antes de que termine la noche. O sea trabajar antes de que el sueño se ausente de la oscuridad que envuelve el rostro de quienes hablan la misma lengua. Ningún día puede ser feriado. Mantenerse en alerta constante sobre lo vivo. Todas las cuerdas deben ser tensadas, deben ser afinadas. El instrumento debe estar listo para ser tocado en cualquier momento de la semana, del mes, de la estación, del año.
No se dejen ahogar por el lenguaje. Conozcan el lenguaje perfectamente y luego olvídense del lenguaje. Que el lenguaje sea un instrumento.
Así como la música no está en el instrumento de cuerdas, una novela no está en el leguaje ordinario. Un lenguaje literario, un lenguaje sin edad son preferibles a un lenguaje vernáculo, a un lenguaje fechado. Una novela no está en el lenguaje. Porque el sueño no está nunca en el lenguaje.
El sueño no ha nacido del lenguaje.
Los animales sin lenguaje sueñan.

(Retórica especulativa) 1994
Pascal Quignard

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One Comment leave one →
  1. 4 agosto 2015 3:36 pm

    ¿Cómo te llamas ahora que no me nombras? ¿No era tú la que fuiste yo? ¿No fueron tus labios los que besaron mis años? ¿No eras tú la que me tuvo entre tu yo? ¿No era tu pìel, árbol del bien y del mal, el más delicioso fruto del pecado celestial?

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