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Las dos esfinges

19 mayo 2015
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A menudo, sentado en la posición del loto
cuando comienza la tarde, trae el aire
una brisa de un mar que no conozco o el polen
de flores que no se marchitan jamás,
pues son imaginadas.
Entonces olvido sin dolor las cosas del día
y marcho a tierras que no recuerdo ni conozco.
A menudo siento, Esfinge del lejano Egipto,
que llego hasta donde tú estás
antes de que la arena del desierto te destruya
–pues también, oh Esfinge, llegará ese momento para ti–
y me revelas tu enigma, que es el mío.
Mas cuando abro los ojos estoy aquí de nuevo
y aunque tengo un enigma ni yo mismo sabría resolverlo
y no hay nadie que hasta mí llegue
buscando su respuesta, que es la mía.

Martín López-Vega

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