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El alma

8 mayo 2015
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Sabemos que no se nos permite usar tu nombre.
Sabemos que eres inefable
y débil, quebradiza, sospechosa
de pecados ocultos, como un niño.
Sabemos que no se te permite vivir ya
en la música, en un árbol al atardecer.
Sabemos, o por lo menos eso nos han dicho,
que no existes, de ningún modo, en ningún sitio.
Y sin embargo oímos aún tu voz
insistir, en un eco, una queja, en las cartas
que Antígona nos manda
desde el desierto griego.

Adam Zagajewski

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