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Física

17 abril 2015
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Estoy sentado en una silla
pero técnicamente estoy sentado en el vacío.
Puedo ver el color. El color es el sol disolviéndose
en el marco de mi ventana, la ventana misma,
los edificios de fondo que permiten la puesta.
Es extraño, como si unos pocos hitos clavados en tierra
bastasen para dibujar la ruta y forrarla de asfalto.
Si cierro los ojos me invade una constelación:
negro sobre blanco, blanco ondeado, polvo espacial.
Si hubiera nacido menos erguido sería un poeta
de paisajes oscuros, invisibles, y podría describir con detalle
el sentimiento exacto que embarga a un hombre
cuando Dios tensa sus fibras en el aire.
¿Figura el abismo en una paleta?
Lo que veo es una fracción de lo que creo.
De lo que creo sólo veo octavos, y oigo un octavo más,
y siento un último octavo que me permite tentar
una imagen eléctrica.
No hay puntos medios, sólo ceguera
más o menos desperdigada en el camino.
Pronto no habrá nada que podamos afirmar
y cualquier cosa que escojas será el centro del mundo.
No importará que le falte religión,
ni que sea una tontera atea más, de esas que el planeta
arroja, cada cierto tiempo, a los brazos de Caronte.
Cuando escojas habrás encontrado lo más importante:
una pista de despegue, un pétalo en la boca.

Jerónimo Pimentel

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