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10 abril 2015
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Aquí estudias el silencio
como si fuera una lengua extranjera.
Y si practicas bien
sabrás distinguir el dialecto
del día frente al marcado acento
de la noche.
Te aprendes los pájaros de memoria
y también la luz que trastoca
el sentido de la nada.
No podrás nunca expresarte
con naturalidad en esta lengua.
Pero te sorprenderá siempre su verdad.
Lees los árboles, las montañas en el original
Preguntas: “¿qué tengo yo que decir en esta lengua?”
El animal herido en lo más profundo de ti no contesta.
Guarda silencio.

Katerina Anghelaki-Rooke

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