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Quinta das lágrimas

25 diciembre 2014
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Cuando hace mucho tiempo tan sólo veía
tu imagen mil veces repetida
en la pantalla del pasado, tal vez fuera feliz. Mi alma
nacía de sí misma en ese abismo
y obedecía desde siempre al fuego
de tu rostro: relámpago
tan súbitamente encendido en mis ojos.

Atravesé contigo, sin que lo supieras,
la música de los días sin nadie,
el naufragio de los años sumergidos
por la vida real irreal,
por falsas euforias que parecían
encender otra llama en la fiebre de las noches,
o inventar deseos donde sólo había
un coágulo de luz adolescente
y un corazón de ceniza, el mío, adormecido
en el fondo de ese pozo donde brillaba
el asombro mortal de tu mirada.

Ahora que regreso por un sueño
a las sonámbulas calles de la ciudad
soy yo y no soy yo
esta sombra sin nombre que tiembla
al sellar ese pacto
de encontrar el último refugio
en la flor de tu boca. ¿No hay lágrimas
que nos calen el pecho?
¿No hay vidas
que nos salven de la vida?

Fernando Pinto do Amaral

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