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El perro

18 diciembre 2014
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Somos dos en la habitación: mi perro y yo. En el patio aúlla una tormenta terrible, furiosa.

El perro está sentado ante mí, y me mira directo a los ojos.

Y yo también lo miro a los ojos.

Él como que quiere decirme algo. Es mudo, no tiene palabras, no se entiende a sí mismo, pero yo lo entiendo.

Yo entiendo que, en este instante, en él y en mí vive la misma sensación, que entre nosotros no hay ninguna diferencia. Somos idénticos, en cada uno de nosotros arde y brilla el mismo fuego trémulo.

La muerte llegará volando, batirá sobre él su ala fría, ancha…

¡Y fin!
¿Quién aclarará después, cuál fuego preciso ardía en cada uno?

¡No!, no somos un animal y un hombre que intercambian miradas…

Somos dos pares de ojos solitarios, fijos el uno en el otro.

Y en cada uno de esos pares, en el animal y en el hombre, una sola y misma vida se aprieta asustada a la otra.

Iván Turguéniev

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