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Días grises de 1996

7 julio 2014
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Entre otras muchas cosas que no sé
que tal vez no sabré nunca, está el nombre
de estos pájaros que se arremolinan
sobre las azoteas, forman como
un gran banco de peces atrapados
en una red vertiginosa, y dejan
en el cielo de la ciudad la estela
sorprendente de un gran teatro de sombras.
Todos los años tengo la impresión
de que el invierno llega demasiado
pronto para estos pájaros, de que huyen
de algo que no esperaban y se dejan
atrapar en un vasto laberinto
de algodones mojados, a merced
de un viento que se esconde de sí mismo
en las plazas, ensucia los portales
y nos hace cruzar con la mirada
baja.
…………… Tal vez lo que nos pone tristes
es esta obligación de parecerlo
al entornar los ojos ante el viento
e inclinar la cabeza. Incluso cabe
pensar que esta impresión de desconcierto
es sólo transitoria, que, al final,
el instinto, o la suerte (o una mezcla
complaciente de instinto, de paciencia,
de cálculo) dará cierto sentido
a estos días, acabará mostrándonos
una salida digna.
…………………………..Ahora llueve.
Y la lluvia convierte esa bandada
expectante de pájaros en una
imagen de tu propia indecisión,
de tu modo disperso de esperar,
al abrigo de algún refugio improvisado,
otros tiempos mejores.

José Manuel Benítez Ariza

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