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Una glorieta para ti

1 julio 2014
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Y por qué no perpetúas el instante
antes de que en tus manos se deshaga
José Hierro

Me miras y tus ojos no te informan
que tengo un superávit de impotencia.
Sin embargo, ese pájaro que agranda mi ventana
lee en mi pentagrama sin estudiar solfeo,
¿y qué puedo hacer yo con tu tanto por ciento?
Qué pariente impresentable se quedó con mi glorieta,
qué buen papel haría en tu breve visita.
Cuéntame algo, y que suene un concertino,
y te confesaré que aún conservo aquel charco
donde chapoteaba mi charol.
No te llegan mis cartas, aunque no las envíe.
Robar una carta en esta sociedad de solitarios
debería estar penalizado, ciertamente, como robar caballos
en cine del oeste con paga de domingo.
No ha pasado una hora, no, no hagamos caso, no mires al reloj.
Una elegancia inútil, la del péndulo,
que oscila simplemente por estética.

(La mirada del maniquí) 2000
Blanca Sarasua

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