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El calor

24 junio 2014
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En el calor de Grecia
nuestros esternones unidos
emanaban aguas;
me bebía tu sudor
junto con tus besos
tu ah
a la sombra de la contraventana.
A la hora en que ascendía
el salvaje mediodía del lugar
también tú echabas brotes
con tus locos mechones
tus gloriosas pestañas
tu risa poliédrica
en los salados prismas de la pasión.
Dentro de tanto bochorno
dentro de tanta inmovilidad
con el negro hado
como única sombra sobre nosotros
los dibujos de nuestra existencia
semejaban una ecuación de insectos.
Se infectó agosto
como una herida abierta
y las inextinguibles chicharras
recuerdan de nuevo al poeta
al final del poema.
Calma…
La mosca que escolástica lo afea todo
se posó sobre tu pene
y devora tu jugo.
Pasa con el megáfono
el de las sandías;
el mediodía cae
a mis pies
cual cabeza cortada.

Katerina Anghelaki-Rooke

Traducción de Mario Domínguez Parra

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