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Todas las cosas son dos

21 noviembre 2013
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Cuando dejábamos que el silencio
resbalase sobre nosotros nada teníamos.
Era nuestra la mañana
abierta al sol y a la luz del verano.
No nos importaba
seguir sentados en el borde del camino
esperando a que otra noche llegase,
con un paso tranquilo, a buscarnos.
Ya lo he dicho, nada teníamos.
Ni prisa, ni calma, ni siquiera recuerdos.
Tan solo éramos (juntos y extraños)
la memoria que ahora tenemos
o estas palabras.

Antón García

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