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Retornos de una tarde de lluvia

14 abril 2010
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También estará ahora lloviendo, neblinando
en aquellas bahías de mis muertes,
de mis años aún vivos sin muertes.
También por la neblina entre el pinar, lloviendo,
lloviendo, y la tormenta también, los ya distantes
truenos con gritos celebrados, últimos,
el fustazo final del rayo por las torres.
Te asomarías tú, vejez blanca, saliéndote
de tus templadas sábanas de nietos y ojos dulces,
y mi madre a los vidrios de colores
del alto mirados que descorría
una ciudad azul de níveas sombras
con barandales verdes
resonados de súbito a la tarde
por los dedos que el mar secretamente
y como por descuido abandona en la brisa.

Saldría yo con Agustín, con José Ignacio
y con Paquito, el hijo del cochero,
a buscar caracoles por las tapias
y entre los jaramagos de las tumbas,
o por la enretamada arboleda perdida
a lidiar becerrillos todavía con sustos
de alegres colegiales sorprendidos de pronto.

(Estas perdidas ráfagas que vuelven sin aviso,
estas precipitadas palabras de los  bosques,
diálogo interrumpido, confidencias
del mar y las arenas empapadas.)
Reclino la cabeza,
llevo el oído al hoyo de la mano
para pasar mejor lo que de lejos
con las olas de allí, con las de allá,
chorreando, me viene. Oigo un galope
fatigando la orilla de castillo,
de bañadas ruinas y escaleras
con los pies destrozados en el agua.
Yo sé quien va, yo sé quien se desboca
cantando en ese potro negro de sal y espuma.
¿Adónde corre, adónde,
hacia qué submarinas puertas, hacia qué umbrales
de azul movido, hacia qué adentros claros,
en busca de un perfil, una compacta
forma, línea, color, relieve, música,
tangible, definida?
Quiere los arcos, busca los dinteles
que dan a los difíciles poblados sin neblinas,
armónicas comarcas, firmamentos preciosos,
cielos sin nebulosas,
paraísos sin humo.

Llueve sin mar, sin mar, sin mar. Borrada
la mar ha sido por la bruma. Pronto
se llevará los bosques también, y ni estos troncos
tan posibles, tan fáciles,
cimbrearán de pie para decirme
que han muerto, que se han muerto
esta tarde de nieblas y de lluvia mis ojos.
¿Quién ve en lo oscuro,
quién pretende sombras,
quién concretar la noche sin estrellas?

Se murió el mar, se murió el mar, murieron
con él las cosas que llegaron. Quedan,
ya solo quedan, ¿oyes?
una conversación confusa, un errabundo
coloquio sin palabras que entender, un temido,
un invasor espanto
a regresar sin ojos, a cerrarlos sin sueño.

(Retornos de lo vivo lejano) 1952
Rafael Alberti

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