La sabiduría del Zen
XXXIV
Un maestro jardinero, famoso por su habilidad para treparse y podar los más elevados árboles, examinaba a su discípulo indicándole que trepara un árbol muy alto. Muchas personas habían venido a ver. El maestro jardinero estaba de pie, en silencio, siguiendo atentamente todos los movimientos pero sin intervenir con una sola palabra. Terminada de podar la cima, el discípulo inició el descenso y estaba apenas a diez pies del cuelo cuando el maestro súbitamente gritó:
— ¡Cuidado, ten cuidado!
Una vez que el discípulo llegó abajo sin inconveniente, un anciano preguntó al maestro jardineo:
— No dijiste una palabra cuando tu discípulo estaba en lo alto, en el lugar más peligroso. ¿Por qué le previniste cuando ya casi había llegado al suelo? Aun si en ese momento hubiese resbalado, no se habría hecho gran daño.
— Pero, ¿no es claro? —respondió el maestro jardinero—. En lo más alto, uno es consciente del peligro y se cuida de por sí. Pero cerca del final, cuando uno empieza a sentirse seguro, ocurre los accidentes.
(La sabiduría del zen) 1980
Irmgard Schloegl
A mi papá en su cumpleaños.










